Clint Eastwood y los cursos de cocina

Clint Eastwood es muy grande, que digo muy grande, es grandérrimo. Como actor es el mejor en lo que hace, cierto es que solo sabe hacer de tío duro, pero es el mejor tío duro que ha dado la historia del cine. Es como Antonio Resines, que solo sabe interpretar a hombres que chillan, pero nadie consigue acercársele ni de lejos en ese registro. Muy a mi pesar, hace tiempo que Clint colgó el poncho (aunque Gran Torino es un Western encubierto), y ahora dirige películas a cascoporro, la última de ellas Más allá de la vida.  Una película bastante aceptable, algo lenta, muy pausada, muy de personajes que se dice, con la típica banda sonora de Clint (ahí no es nada grande, lleva usando los mismos acordes desde Sin Perdón), realmente no es una obra maestra, salvo por unas escenas que por sí mismas merecen un Óscar, las del curso de cocina de Matt Damon.

El pobre Matt Damon es un tipo raruno, su personaje parece sacado de un episodio de Embrujadas, habla con los muertos, y por ese superpoder suyo resulta que es asocial, porque, pobre de él, nadie le comprende. Así que ni corto ni perezoso, para arrimar cebolleta se apunta a un curso de cocina (lo del símil hortofrutícola no es casual). Una buena amiga mía ha tenido siempre a bien decirme cosas tales como “apúntate a un curso de cocina o algo, que ahí se conoce gente”,  y quizá por ello esta parte de la película me parece tan sublime. Toda la subtrama de cómo Matt Damon conoce a Bryce Dallas Howard (Gwen Stacy en la putrefacta y cancerígena Spiderman 3), es tan real, tan creíble, resume tan bien el patetismo de la torpeza al ligar, de no captar mensajes y de querer saber más de la cuenta, que solo me queda aplaudir. Y aunque en principio el aceirto sería del guionista, Peter Morgan, lo cierto es que es la dirección de Clint la que hace que todas las escenas de esta parte sean llamativas. Hay un plano de Matt Damon de espaldas que transmite sobradamente quien es fueron los maestros de Eastwood.

 

En conclusión, la película en sí es entretenida pese a su lentitud, agradable de ver, bien realizada y demás, pero sin la parte del curso de cocina para mí se quedaría en una película más de la que pasaría al cuarto de hora de verla. Habría que darle un guión de Kevin Smith a Clint Eastwood, seguro que él sería capaz de convertir Mallrats en una película de Óscars.

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