El tiempo y su percepción son relativos… lejos de meternos en estos temas que tan de actualidad están en Lost, me vengo a referir en lo largo o lo cortos que se te pueden hacer 40 minutos. La semana pasada, con “Something Nice Back Home” cuarenta minutos parecieron 3 días sin comer, mientras que con el undécimo episodio de la cuarta temporada de Lost, “Cabin Fever”, cuando ves que termina el episodio parece que solo hubieran pasado diez minutos. No es algo exclusivo de las series, ni del cine, cuando uno está ante algo que le agrada, el tiempo vuela. Llevo toda la temporada clasificando por géneros, para este no encuentro una calificación apropiada, de hecho, la única forma que se me ocurre para clasificarlo es como de Lost puro y duro. No importa que John Locke esté como una regadera, sus episodios, como los de Desmond o Ben, suelen ser geniales, y este no es una excepción.
Es cierto que durante toda la cuarta temporada de Lost, casi todos los episodios invitavan a ser encuadrados en un género concreto. Ahora, con el décimo episodio “Something Nice Back Home”, le toca el turno al folletín novelesco decimonónico, aunque para ser más concretos a su versión actual, el culebrón televisivo. Que Lost es una serie de personajes es evidente, que ellos son más interesantes que saber si el humo negro son flatulencias de Jacob también, pero hay veces que los personajes y las subhistorias están tan trilladas, que aburren a las ovejas. Los triángulos amorosos siempre han dado mucho juego, pero cuando se prolongan eternamente con la chica en el papel estelar de pelota de tenis, no hay quien los aguante. De todas formas, “Something Nice Back Home” aunque aburrido y lento, es necesario y nos hace comprender en cierta medida el porque de lo que vimos en la genial finale de la tercera temporada.
Uno va aprendiendo con los años que no conviene esperar mucho de nada ni de nadie, que si esperas demasiado te vas a terminar llevando una tollina a remangabrazo. Con las series de TV, y con la ficción en general, muchas veces es mejor no esperar nada del otro mundo para cuando menos te lo esperes, en vez de recibir un guantazo se te caigan los pantalones del gusto.“The Shape of Things to Come” es a Lost lo que el ejemplo anterior. Después de un episodio soporífero y un paroncillo, te encuentras con un episodio inesperado, que pone más piezas sobre el tablero y aclara parte de las que había. Pero dejando a un lado preguntas y respuestas, es un episodio de acción pura y dura, y ya iba siendo hora, de que hubiese algo de sangre y disparos, no todo van a ser paseos por la selva y ver a personajes punteros quedarse solo en protoguarrillos-as paseantes.
Cuando uno empieza a ver una serie de televisión, espera entretenerse, sin más, sobre todo si empiezas a verla cuando tienes 12 o 13 años. Si l a serie te gusta te vas enganchando poco a poco, hasta el punto de que haces lo posible para estar en tu casa cuando la emiten, o para grabarla en una cinta VHS para verla al día siguiente. Eso fue lo que me pasó con Expediente X, la primera serie que veía de un modo más serio y adicto en mi vida, la seguí por Telecinco, hasta que empezaron a tratarla con la punta del pie, algo muy común en la cadena de los realities y el cotilleo rancio. Desde mediados de la séptima temporada le perdí la pista, y no fue hasta hace poco más de un año, que un buen amigo mío me la prestó completa, toda la serie en DVD, ypoco a poco he podido volver a ver lo que ya había visto y ver por primera vez lo que no llegué a ver. Y he podido volver a querer a Mulder, a Scully, a Skinner, al Fumador, a Kryzcek, a los Tiradores Solitarios, al Caza Recompensas… y descubrir a Dogget y a Reyes.
Cuando ves una serie por orden, con calma, si anuncios, y completa, puedes llegar a tener una visión general de la obra, entenderla, disfrutarla, no perderte, recrearte en cada detalle… Hay gente que se queja de que Expediente X es una serie que pierde al espectador, yo sin embargo creo, que si se le presta atención a los episodios de trama, se sigue perfectamente. Además, estaserie tiene otra cualidad innegable y que la hace distinta al resto, además de la trama central recurre en la mayoría de ocasiones a episodios autoconclusivos, con lo que no se hacía ni tan insustancial como CSI ni tan densa como Lost. Además no hay que quedarse solo en la superficie, Expediente X es algo más que ciencia ficción, los personajes están muy bien construidos, y son capaces de pasar del drama a la comedia en unmomento., de la distncia a la cercanía, de lo creíble a lo increíble, de lo divino a lo humano, del espacio a la tierra… Para mí, es la mejor serie que he visto nunca, y dudo que ninguna la llegue a superar.
Cuando uno habla de cine, rara vez atribuye una película a una productora o a una distribuidora. En el caso de los videojuegos es completamente diferente, la mayoría se limita a decir que “er FIFA es de EA espór y er Pro de Conami”, tal cual suena. Aunque bien visto, este mismo tipo de público cuando va al cine no pasa del título. Las similitudes entre videojuegos y cine son cada día más evidentes, no ya por el avance gráfico y el abuso cinematográfico de la infografía, o de la cantidad de adaptaciones mediocres, cada vez se asemejan más porque ambos artes sirven para contar historias de una forma visual. Y como en el cine destacan grandes directores, en los videojuegos pasa exactamente lo mismo, y entre ellos destaca uno de los más grandes, Yu Suzuki.
Suzuki ha sido uno de los pilares de Sega durante mucho tiempo, en los ochenta fue el director de varios juegos para la placa System 16, y algunas variantes, que marcarían época. Destacan de esa época Out Run, o como cumplir el sueño del hombre medio de conducir un Ferrari con una rubia al lado, Super Hang On, que es otro de los sueños del hombre medio, recorrer el mundo en un moto, y Space Harrier, que trata de cómo un hombre con retro propulsor se enfrenta a una invasión el solito a base de cañanozos. Todos estos juegos tenía un acabado técnico muy bueno para la época, tenían bandas sonoras trabajadas que el público todavía recuerda, y si bien no desarrollaban grandes historias, buscaban satisfacer las necesidades del jugador de aquella época.
Tres lustros han pasado desde que a Spielbierg le diera por adaptar una novela de Michael Crichton y quedarse a gusto enseñando lo que no pudo enseñar en “Jaws”. Recuerdo que en Jerez la estrenaron y usaba cuadrafónico, o Dolby, pero como yo no pude ir a verla no tuve la sensación de que los raptors rodeaban la sala. Como llevaba tres meses sin montar nada en plan pieza, he hecho una video crítica de la película, a ver que os parece. Espero que no la borren del Youtube como me hicieron en el antiguo blog con una de Die Hard…
EB Films vuelve, aunque por ahora tan solo con un teaser trailer de un nuevo proyecto, “El Pollo Diablo”. La película está en producción aunque sin fecha, pero apunta a que dará miedo, cuanto menos, está destinada a ser la evolución natural de clásicos del cine como “Jesucristo matavampiros”. Está hecho en una noche, resultado de mezcla el iMac con otras cosas y unas jarras de cerveza. En esta obra maestra del trailer han intervenido Aitor, Guillermo, Alejandro, Antonio y El Pollo Diablo as himself… pronto habrá más noticias
Conozca a Kevin Johnson, título prometedor, sin duda, suena a título de peli casi gafapasta sin duda, si cambiamos el nombre por el de un cultivador de amapolas afgano seguro que más de uno juraría solo por el título que es una obra de arte. Por suerte no es una película afgana, es Lost, aunque ‘Meet Kevin Johnson’ se hace tan pesado a veces que lo parece. El octavo episodio de la cuarta temporada es el último antes de un parón imprevisto causado por la huelga, por tanto no se le puede juzgar como un episodio pre-parón o incluso como un posible final como se llegó a especular durante el paro de los guionistas, hay que juzgarlo como un episodio de mitad de temporada. Y aún teniendo en cuenta estos factores, el resultado es muy insatisfactorio.
No se exactamente porque, desde hace mucho tiempo los episodios de Lost en los que los protagonistas son el matrimonio coreano, Jin y Sun, me dan una pereza increible. Suelen ser episodios anodinos, excesivamente tranquilos, casi parece que el ritmo cansino de muchas producciones orientales se le contagia. Ji Yeon, séptimo episodio de la cuarta temporada, cambia un poco esa tónica pero sin exagerar demasiado, es un capítulo con alguna que otra revelación, pero que ni sirve para profundizar a los personajes, ni es uno de esos de relajación que cuando los revisionas con el tiempo agredeces, Ji Yeon puede considerarse un dramón con tintes telefílmicos en algunos segementos. Aunque por el lado positivo encontramos una forma nueva de contar historias, que da más riqueza al conjunto de la serie.
No es nuevo que los personajes que puedan encuadrarse dentro del “lado oscuro”, causan fascinación entre un gran sector del público. Los tiempos en los que el bueno siempre es bueno y el malo siempre es malo pasaron hace tiempo, aunque se sigan encontrando casos. Normalmente los malos destacan porque tienen una personalidad más elaborada, aunque solo sea por la necesidad de justificar su comportamiento. Sea como sea, hoy día los personajes tienen matices que los humanizan, o no. Ese es el planteamiento de Dexter, un asesino en serie que trabaja en la policía de Miami y solo elimina de la circulación a gente que, según su código ético, debe morir.
Con esta premisa arranca la primera temporada, en la que vamos descubriendo a los personajes principales, el entorno y los métodos de proceder del protagonista. Esta temporada podría considerarse, hasta cierto punto, como una serie de intriga policiaca más, con un asesino en serie peligrosísimo que tiene en jaque a todo el cuerpo y que intenta jugar con el protagonista. Pero claro, cuando el protagonista es una persona que dice carecer de sentimientos y siente impulsos de asesinar, la narración se enriquece bastante.